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El agua, el fuego y el flujo de la eternidad.


El agua, el fuego y el flujo de la eternidad

El agua, símbolo de pureza y renacimiento, es un ingrediente habitual en los rituales religiosos de todo el mundo. En el bautismo cristiano, el agua limpia ritualmente a una persona de los pecados de sus antepasados y la prepara para entrar en su nueva vida espiritual. Los hindúes lavan lo viejo y abordan lo nuevo sumergiéndose en el sagrado rio Ganges. En Europa las catedrales solían construirse sobre pozos paganos, que eran considerados lugares sagrados de enorme pode, y donde la gente no solo acudía por las propiedades vigorizantes del agua, sino para limpiarse y curarse espiritualmente.

Reconocemos intuitivamente, que el agua nos introduce en el mundo, precediendo nuestro paso por el canal del parto. En algunas tradiciones el agua es asociada a la Madre Arquetípica, que da a luz todo lo nuevo.

El agua simboliza la purificación y el renacimiento, para el Chaman, representa el rio de la eternidad. En la visión chamanica del mundo, el tiempo se mueve en todas las direcciones, el tiempo se mueve en todas direcciones, se apresura rio abajo, se reúne en los estanques, e incluso parece viajar de regreso a su origen con las mareas.

El fuego también es un elemento simbólico que destaca en las ceremonias de iniciación. Hemos visto documentales de ceremonias africanas, que ocurren alrededor del fuego. Y sabemos cómo los españoles encontraron a los indios fueginos realizando grandes ceremonias entorno a enormes fogatas en lo que hoy se conoce como Tierra de Fuego. La gente siempre se ha sentido cautivada por el poder de este elemento para mantener a raya la oscuridad de la noche y transformar lo que toca. Vemos como la llama consume la madera, para convertirla en ceniza, que luego alimenta la tierra. Vemos las llamas saltar hasta el cielo, liberando el espíritu de la madera. De un modo simbólico, el fuego quema lo falso y deja tras de sí nuestro yo esencial. Lo chamanes se percataron de que cuando se echa un tronco al fuego, se liberan los rayos de luz que habían envuelto el tronco del árbol mientras la Tierra giraba alrededor del Sol. Las iniciaciones míticas dependían del símbolo del fuego para representar que nos despojamos de nuestra forma externa dejamos brillar nuestra luz interior en un bautismo de fuego.

Por: Dr. Alberto Villoldo

Ejercicios para el solsticio de verano

Limpia Tus Chakras con agua

Primero iniciaremos realizando una limpieza con el elemento agua en todos nuestros chakras- centros de luz.

Podemos hacer este ejercicio por la mañana, en la ducha, o en la naturaleza bajo una cascada, un arroyo o el mar. Colocamos la mano izquierda en la base de la columna vertebral y la derecha a cinco diez centímetros por encima del hueso púbico, para sentir el primer chakra. Giramos el chakra en sentido contrario a las agujas del reloj, rotando los dedos en círculo por tres o cuatro veces. Sumergimos los dedos en el agua. Esto se lleva los sedimentos o toxinas que se adhieren a las paredes del chakra. Repetimos con el segundo chakra y hasta el séptimo. Sumergimos los dedos en el agua entre rotaciones. Luego regresamos al primer chakra y gíramos en sentido de las agujas del reloj por tres o cuatro ocasiones, y hasta completar nuevamente los 7 centro e luz.

Conversando con el Abuelo Fuego

Esta práctica la podemos hacer entre amigos o solos.

Danzar, cantar, ser como niños, dejarnos fluir, para que la mente se fugue y fluya la energía de tu ser.

En este ejercicio conduciremos la luminosidad y el calor del fuego a nuestros chakras para llenarlos de luz. Podemos llevarlo a cabo con una fogata o una vela. Cuando te sientas ante el fuego, recuerda su poder transformador, transmutador. Vamos respirando de forma regular y profunda, y cuando te sientas preparado, estira las manos y pásalas alrededor del fuego. Nosotros vamos a ahuecar la mano junto a la llama e imaginar que recogemos puñados de luz del fuego. Ahora llevamos esa luz a cada uno de nuestros chakras. Empezando por el primero en la base de la columna vertebral y vamos ascendiendo. .

Al terminar, nos abandonamos al fuego, le hablamos en voz alta, nos disponemos a escuchar y dejamos que desde el fuego salga la luz y entre a nuestros corazones y nos ilumine. Le permitimos entrar en nuestro campo luminoso y nos convertimos en un verano, en un sol. Llegando a que esta energía, se la máxima expansión de nuestro ser.

Nos percibimos siendo Uno con Gran Espíritu, su poder y energía recorre cada célula, en cada órgano de nuestro cuerpo y vamos recuperando el sentido de lo sagrado, envolviéndonos en la magia del Gran Vacío y la creación.

Aho!

MiliZen

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