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Madre eterna


Earthmother

Ahora tengo una madre eterna, pachamama nunca me abandona…

Mi historia es breve, más es eterna para las vidas que vienen. Cuán difícil es ver partir a un ser querido, al menos la experiencia me hace recordar cómo es que un fragmento de mi alma se refugiaba por la condensación del dolor físico y emocional que me generó la partida de mi madre carnal, donde por supuesto el desapego no es una opción rápida ni fácil cuando se atraviesa por ese sendero, cómo desapegarse del olor característico de sus ropas, sus pasos y hasta la alegría que inundaba el lugar, cuando por ejemplo una mañana amanecía fresca, observando a los pájaros, dejando el corazón tranquilo. Más la experiencia con esa bella mujer, me hizo conocer a temprana edad a mi madre eterna, aquella que no sospechaba que traería abundancia y que nunca me abandona, aquella que me permite transmutar, continuar en el sendero, siendo su hija eterna, en su útero infinito.

Pachamama es amor, es virtud, donde todos somos sus hijos predilectos y prodigios, es tan humilde que no pide nada y en cambio nos da el todo. Haberme reencontrado con ella es maravilloso, mi madre amorosa pulsa día a día conmigo, me enseña y re enseña cuando me equivoco o no estoy abierta a aprender, nunca se da por vencida conmigo. Espero que nunca deje de escuchar sus tambores, para así volver todos los días y a cada momento con ella y reclamarla como mi madre, como aquel primer día que desperté conociéndola como mi madre eterna, porque pachamama nunca me abandona.

Ahora tengo dos madres, a mi madre le agradezco infinitamente haber sido mi cuna carnal, y a mi madre le agradezco infinitamente ser mi soporte y maestra espiritual.

La guerrera de la mesa redonda.

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