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Somos cuerpo… y nuestro cuerpo es político




“Somos uno, somos dos, somos miles…” Natch Scratch

La prístina claridad de la mañana suele ser fecunda en conversaciones y reflexiones tan claras como el sol que sale en nuestro hogar. Hoy compartíamos en casa, junto al desayuno, las políticas de control y temor que imperan desde hace siglos sobre nuestros cuerpos y mentes. Y entonces, de tanto decirnos y reflexionar me vino esta certeza para escribir.

En general, leo mucho, vivo toda y observo cantidades… entonces, de tanto ver mujeres hermosas, inspiradas y valientes que escriben y se comparten en tantos temas relevantes, pienso muchas veces frente al computador que no es necesario decir más acerca de ello.

Y entonces hoy se me vino esa frasecita del rapero español Nacht Scratch acerca de “somos uno, somos dos, somos miles…” y supe. Supe que no importa cuantas seamos difundiendo, compartiendo y reflexionando, actualmente –y como siempre- las voces son todas importantes para ir generando una convivencia despierta, diversa, sabia, libre, expansiva.

Y como el trabajo es mucho, y además el trabajo es hacer el trabajo y no creerse que ya esta hecho, aquí me lanzo con estas palabras.

Digo que el cuerpo es político porque los seres humanos SOMOS cuerpo; radicalizo aquí las miradas más esotéricas o funcionalistas de las ciencias humanas que lo ponen como un vehículo, un espacio que se habita –imaginario o real, da igual- una “cosa” que nos conforma o como quieran decirlo. El cuerpo no es un accesorio de nuestra vivencia humana, ES lo humano, somos aquello a través de lo que percibimos, expresamos, gozamos, compartimos, sentimos, pensamos… y un largo etcétera.

Desde allí ya se plantean miradas importantes: Si SOMOS cuerpo ¿cómo podemos considerarlo secundario, demoniaco, inferior, desechable; para finalmente convertirlo en un objeto sujeto al abandono, la culpa, el castigo, la normalización?

Esta no tan sencilla pregunta busca englobar y señalar apenas, miradas religiosas, médicas, psiquiátricas, estatales y un sin numero de espacios institucionales que reprimen, controlar, normativisan y usufructúan de los cuerpos en tanto energía, imagen, persona, fuerza de trabajo, consumo y otro larguísimo etcétera.

Ya antes Reich, Foucault, feministas de todo tipo, filosofas, Basaglia y muchísimos pensadores han ahondado en las maneras en que este control opera sobre los cuerpos. Es un viaje interesante que llevo años buceando en literatura, talleres y mi propio cuerpo que soy. Pero hoy quiero referirme tan sólo a uno de los “espacios” que ha sido reprimido, normalizado, demonizado y controlado más sistemáticamente y que me atañe directa, personal e íntimamente: el cuerpo cíclico de la mujer.

Comencemos por cualquier lugar, ya que apenas si pretendo esbozar algunas cuestiones.

El uso de la píldora anticonceptiva fue un “logro” en la liberación femenina que todavía hoy se justifica a pesar de ser producto de una industria farmacéutica que lanza sus hormonas sin ninguna regulación seria, vendiendo una libertad que tiene un costo profundo en los cuerpos y psiquis femeninos.

De fondo esta la premisa de que la menstruación es una especie de desarreglo, incómoda faceta femenina que priva a la mujer de su libertad de movimiento y acción–dentro de los parámetros de una sociedad patriarcal, competitiva, exitista, funcionalista, con una visión del tiempo lineal y que no tolera el acercamiento de ese cuerpo sangrante, que señala el misterio de la vida y la muerte tan vividamente-. Algo similar ocurre con la gestación, evento que debe ser regulado estatalmente para seguir generando mano de obra o reducir/aumentar la natalidad a su antojo.

Bien, estos dos tópicos son muy personales para cada mujer y altamente políticos, ¿no les parece?.

¡¡¡¡¡Esta en juego la productividad del país señora y señorita!!!!

Miren sino lo que nuestro gobierno de turno lanzó como campaña de apoyo a la natalidad hace unos años, regalando bonos miserables para que las jóvenes mujeres no aborten esos nuevos cuerpos que podrán ser usados para producir más y mejor. Suena aterrador y violento, y lo es. Pasa ante nuestros ojos, pasa en nuestros cuerpos, nace de todas nuestras mentes.

Otro vector de esta problemática, por nombrar uno al azar, es aquellas mujeres que regulan sus ciclos con anticonceptivos porque lo que esta en juego es su carrera profesional o aquellas que hacen lo que pueden para sostener familias completas, en donde una hija o hijo más no es una bendición bajo ningún aspecto cuando el tiempo y el dinero no son suficientes ni para comer.

Allí el factor político es evidente, a mis ojos por lo menos.

Podemos adentrarnos aún más. Miles de mujeres que sufren dolores, SPM, amenorreas, quistes, etc.; son tratadas por médicos y hormonas al por mayor sin que esto signifiqué curación o sanación de sus dolencias. Yo fui una de esas mujeres por 10 años. Lo que sostiene esa inmensa maquinaria es el convencimiento sistemático de que nuestro cuerpo no nos pertenece, de que no somos nosotras. Hay especialistas que sí saben de nuestro cuerpo, que lo han dividido en montones de partes, objetos de estudio objetivo y que saben qué hacer para que ese misterio menstruante se resuelva en pos de una convivencia social, productiva y familiar armónica (sí niñas, estoy siendo irónica).

Para dar un ejemplo, recibí 10 años de tratamiento hormonal periódico, pastillas e inyecciones, montones de controles y exámenes, varios “especialistas” con diferentes posturas ante una “enfermedad” que no lograban detectar, síntomas que no podían descifrar. Pero probaban, una y otra vez. A mis 19 años me operaron para “explorar” dentro de mi cuerpo y entender que pasaba, pues bien una vez que me cerraron su veredicto fue, por decirlo menos, irrisorio y absurdo: “no pudimos encontrar nada anormal, es muy raro, no tiene nada”. ¿¡¿¡Qué es eso!?!?

Los primeros años de tratamiento y operaciones, ocupé el lugar de víctima de mi propio cuerpo, un lugar doloroso, sufriente y muy cómodo; que sin embargo intoxicó mi cuerpo quien amablemente y de manera sabia años después me dijo ¡basta!. La vida se encargó de regalarme un par de experiencias, información y conocimiento que después de años me permitieron decir: soy mi cuerpo así es que sí, ¡basta!. Y me dediqué a explorar en primera persona, con valor e intuición qué y cómo es que me quería relacionar con mi ciclicidad, mi cuerpo, mis dolores…ES DECIR, COMO ME IBA A RELACIONAR CONMIGO.

Mi cuerpo, que soy, me ha traído hasta mi propia sabiduría, me ha señalado cuales son esos espacios de libertad real como ser humana, que no pasan por tomar una u otra hormona, ni por arrancar del dolor que porta mi cuerpo como si se tratará del diablo.Una vez que tomé la decisión de dejar las hormonas pasé por un año entero en el que no menstrué. Fue un viaje intenso, que me mostró cuanto miedo le tenia a mi propio cuerpo de mujer, cuan desconocido me era, cuanta soledad portaba ya que en mi familia era un tema tabú (apenas y me informaron lo meramente biológico) y también por ahí empecé a volverme autónoma.

Ese mismo movimiento me llevó a profundizar en mi misma y en la práctica psicoterapéutica centrada en la temática femenina. De esta decisión fueron surgiendo muchas transformaciones que cambiaron mi vida y la manera en que me relaciono con todo. Esa decisión dio con el tiempo paso a mirar ese cuerpo que soy como un universo de revelaciones sagradas, vivas, trascendentes y cotidianas, el universo más sublime que podamos conocer. Allí está todo, allí somos. Y como el trabajo es hacer el trabajo, sigo caminando esa senda de mi cuerpo consciencia corazón como me gusta llamarle a esta danza que manifiesto en mi ser practicante…en mi ser mujer indómita, real…

Cuando comencé a escribir, miles de temas y tópicos respecto al titulo se me vinieron a la mente, ya que el control y la dominación es la forma primal en la que hemos constituido esta humanidad que conocemos en los últimos miles de años. Sin embargo, hay cosas que quiero aclarar. Señalar esta dominación no significa sentarse a lamentarse, ni culpar al “mundo” por nuestros sufrimientos o por ser dominados. Tan importante como conocer y develar los mecanismos de dominación es aceptar y re-conocer que esos mecanismos están en nuestras mentes y nacieron de nosotros. De hecho nacen y se recrean en cada segundo, cuando aceptamos esas normativas, cuando dudas de tu propia visión y autonomía, cuando creemos que siendo buena onda y espiritual se arregla todo.

Por otra parte, respeto a las mujeres y sus propias e individuales decisiones respecto a como relacionarse con ese cuerpo que son. Nada más sé que tomamos esas decisiones en base a ciertas ideas y creencias que son muy parciales y muchas veces falsas o engañosas.

Entonces, si quieres decidir sobre ti misma conoce los riesgos reales, los fundamentos que están sosteniendo los medicamentos que usas, las operaciones a las que te sometes, la mirada y el paradigma que hay detrás de tu propia visión de tu cuerpo de mujer, de tu menstruación, tus partos, tus abortos, tu crianza, tu amamantamiento, tu sexualidad.

Somos cuerpo, en todo momento. Somos esa experiencia de ser a través de un cuerpo, que se mira y se siente y se multiplica a sí misma en sus propias miradas, reflexiones y percepciones. Somos allí donde respiramos y somos más allá de aquello. Ese cuerpo que somos revela el intangible ser que percibe que es un cuerpo. ¿Cómo esto no va a ser sagrado y maravilloso?¿Cómo es que seguimos temiendo asomarnos a ese abismo que nos llama como misterio para danzarnos, desnudarnos, despertar a esa magnifica experiencia humana?

Y todo esto es político, porque desde esos temores, restricciones o libertades recreamos relaciones, comunidades, instituciones, decisiones, labores y educaciones bien definidas y que determinan nuestra convivencia social, que es sagrada también, porque esta viva y hecha de seres humanos vivos.

La mujer que soy es cíclica, sangra, cambia, cada día se transforma y me invita a ser ese cambio, a mirarme en los árboles, en la lluvia, en la luna y en el sol. En la mujer que barre la calle, en la niña que pide en una esquina. Esta mujer desea y se libera, no tiene hijas ni hijos pero hago de los niños mi semilla porque son humanos como yo. Esta mujer acepta que su cuerpo es misterio y es sí misma, por lo que vale la alegría y el trabajo recorrerse, mirarse, develarse, y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡DISFRUTARSE!!!!!!!!!!!!

María Sanhueza Silva

Extraído de https://lamujerquesoy.wordpress.com/2015/12/27/somos-cuerpo-y-nuestro-cuerpo-es-politico/

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